Dilemas de un Egolatra - Capitulo 1

Era una mañana fría y nuevamente sentía que se había vuelto a adormecer su hombro tatuado en donde reflejaba su terquedad. Se levanto de la cama como estaba acostumbrado en bóxers y descalzo se paro frente a ese espejo, el que él consideraba su mayor tesoro. Sintió la alfombra cómoda como siempre y empezó a estirar los músculos mientras observaba con narcisismo su físico. Se puso la ropa que ya había pre-seleccionado. Salió de la habitación con dirección a la cocina en donde se dio cuenta nuevamente que no había nada entonces recordó que era domingo y era mejor salir a quedarse y pasar hambre.
Se acerco a la señorita que expendía los cafés en una esquina cercana a su departamento, era uno de esos huariques que acostumbras visitar debido a que la atención no solo es más rápida, sino que también te representa un cierto apego con algo de tu hogar y menos sofisticado. De manera directa y algo malcriada proclamo – Un Capuchino y unas tostadas – pago con sencillo y se retiro sin decir más, algo frecuente por que la palabra “Gracias” no estaba en ese vocabulario que el considera fluido y elevado.
Caminaba nuevamente con la mirada perdida y pensando en que si supuestamente tenía todo no habría logrado superar sus grandes temores; en que tal vez las sombras de ese  gran amor lo puedan volver a hacer débil y entregar esas huellas para demostrar su amor y cantar para esa “princesa oculta” como él le dice… entonces entro nuevamente a su departamento y en un momento de reflexión escribió:


“Buscare en ese rincón mental
Veré la manera de renacer nuestro mundo
Y no verte caer, esa será la solución”

Se sentó y leyó varias veces lo escrito, las lagrimas brotaron de su ojos cafés, nuevamente los recuerdos volvían a su mente… Se escucho algo de ruido y salió de ese transe extraño en el que entraba y contesto el celular era un numero que no estaba en agenda; con algo de dudas pero poco extrañado decidió contestar.

– ¿Alo? –
– Hola Juan, te saluda Estefany –
– ¿Estefany, de donde te conozco? –
– Posiblemente no lo recuerdes pero estudiamos juntos en la primaria –

Juan, se sorprendió y aunque realmente no podía ubicarla dentro de sus recuerdos decidió hacer a un lado su natural rechazo a interactuar y siguió la conversación pero con cautela.


– Oh! Si ahora recuerdo, pero exactamente no el grado ¿Pero dime en que puedo ser útil?  
– Bueno vine de viaje a Londres para un congreso mundial de música y no conozco a nadie así que llame algunos contactos y después de llamar a muchos di con tu numero, espero no te incomode y me puedas recomendar un lugar mediamente accesible, seguro y con buena ubicación. –


Juan se acordó en ese momento de Estefany, ella era la chica mas asediada del colegio siempre estaba rodeada de muchachos que la acompañaban y nunca le había dirigido la palabra a Juan más que para pedirle apoyo en las tareas, pensó rápidamente y decidió cobrarse la revancha de ese amor platónico que tan solo le había respondido con trivialidades.


– Oye Estefany, espero no te suene a mal pero te puedes quedar en mi departamento hay dos cuartos y vivo solo, me gustaría tener algo de compañía en estas semanas debido a que estaré en diversos lugares y me gustaría tener alguien que cuide el departamento y me dé algo de compañía… ¿Qué dices?
- Me gusta la idea, pero déjame pagarte algo o no aceptare.
- jajaja, bueno con que cocines y pongas la alacena me daré por bien servido, dime en que aeropuerto estas eh iré a recogerte al instante.


Juan se dio un pequeño baño, se alisto y se marcho en su automóvil; cuando llego al aeropuerto con su papelito que decía “Estefany” se distrajo con una señorita de unos lindos ojos negros, cabello rizado y negro como el ébano, de tez trigueña y una mirada sencilla que sostenía un papel que decía “Juan Cueva”, se quedo anonadado al ver que la chica que le gustaba de niño ahora le gustaba mas tanto por su aspecto como su físico, así que ahora tenía más motivos para conquistarla, pasarla bien y no tener compromisos…

[Continuara]